jueves, 28 de enero de 2016

Sovereing of the Seas

La apoteósis del galeón inglés vino con el Sovereign of the Seas llamado Señor de los Mares construido por encargo de Carlos I de Inglaterra. proyectado por Phineas Pett, que trabajó con su hijo Peter Pett en el patio de Woolwich en el Támesis y botado en 1637. era un navío de tres puentes de primera clase con más de 100 cañones y ricamente ornamentado en el alcázar, decorado con esculturas doradas de Gerard Christmas sobre diseños de Van Dyck. Parte central de la rica decoración de popa del espejo de popa era sólo una figura del rey Edgar. El mascarón representaba a Eduardo el Pacífico, cabalgando sobre las cabezas de siete reyes enemigos. Las bordas del buque estaban adornadas con flores de Lis de Francia, el arpa de Irlanda, cifras reales y varios animales heráldicos. En el castillo habían divinidades que simbolizaban la Prudencia, la Cautela, etc. Además de los signos del zodiaco habían representaciones mitológicas, en fin, un alarde de tallas y figuras que obligó a instaurar un nuevo impuesto para sufragar el coste de este navío. Además de la popa y proa que había decorado toda la longitud de los lados. Todo lleno de lujo, alegóricas barrocas estatuas estaban cubiertas con pintura de oro, que consistía deliberadamente un contraste con el casco pintado de negro. Igualmente armas costosas buque resultó ser, porque el rey ordenó que todas las obras fueron fundidas en bronce , que, aunque ligero, fue 4 veces más caros que los de hierro . El capítulo 90 fue originalmente un precio de 20 592 libras, pero cuando se aumentó a 102 armas de fuego gastos de armamento aumentó inicialmente a 24 447, y luego tener un adicional de 1.700 libras.

Soberano de los Mare


Maqueta Del Santisima Trinidad


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Santisima Trinidad

La construcción de navíos de tres puentes, en la España del siglo XVIII, sufrió una importante recesión hasta el último tercio de la centuria. Tras la primera unidad producida a principios del siglo siguiendo el modelo tradicional, el navío Real Felipe, fabricado en Guarnizo en 1729, existió un paréntesis de cuarenta años durante el cual la Real Armada no se dotó de navíos de este tipo. Precisamente serían los astilleros de La Habana los encargados de cubrir esta carencia inexplicable. En esta capital cubana, la antigua rivalidad entre los principales asentistas Acosta y Torres, era conocida por todos. Sin embargo, a partir de la muerte de Torres, el 22 de noviembre de 1754, y sucederle Pedro de Acosta, hijo del primero, siguió un periodo de estabilidad durante el que este último mantuvo el control exclusivo de las construcciones hasta la llegada de los Mullan en 1767. Mateo Mullan pertenecía al grupo de los expertos británicos y de otras naciones contratados por Jorge Juan en 1750 para colaborar en el remozamiento de la construcción naval española, y había trabajado en La Carraca desde que vino de Inglaterra. Entre 1759 y 1760, Cipriano Autrán y Mullan ya habían estudiado la posibilidad de construir navíos de tres puentes en el arsenal gaditano, pero en su informe de 27 de febrero de 1760, Autrán juzgaba difícil fabricar allí un buque de tanta magnitud y el ambicioso proyecto se vino abajo. Sin embargo las inquietudes de Mullan persistían, y así, cuando recibió la orden de 11 de noviembre de 1766 para encargarle la dirección de la construcción de bajeles en La Habana, antes de partir para el nuevo destino envió en abril de 1767 el modelo de navío de 112 cañones (MNM n.° 546) que hoy es gala del Museo Naval, como anticipo del que iba a fabricar en La Habana y tenía en la cabeza desde hacía años